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martes, 1 de marzo de 2011

Siempre es buen momento

Fin de semana pre-Trans de relativo relax en el apacible pueblo de Tejeda, y digo relativo porque además de aprovechar para dar una vueltita hasta Las Lagunetas y volver, los poquitos habitantes del pueblo no son tan poco ruidosos como podría parecer cuando se juntan en un restaurante.

Y así aprovechamos para ver algunas películas que teníamos pendientes desde hace algún tiempo: La red social, Origen y Lost in traslation, y la verdad es que si tuviera que elegir sólo una, no sabría con cuál quedarme, siendo todas ellas muy recomendables.

Empezamos restableciendo una buena parte de mi últimamente algo lastrada motivación profesional, y reencontrándome de lleno con mi considerada kriptonita: las relaciones sociales, tan importantes como sumamente complicadas.

Si se pudieran vivir los sueños tan intensamente, ¿por qué no vivir soñando? Y no sólo eso, sino que también los puedes construir... Pero como todo, tiene truco, y es que no hay nada perfecto, o al menos no eternamente.

Y qué triste es tenerlo todo, socialmente hablando... ¿Alguién sabría decirme por qué cuesta tanto romper con todo? ¿Por qué es más fácil aguantar una vida sin emociones que arriesgarse a perder? Espero que pocos duden de que el crecimiento personal está ligado a las adversidades y los contratiempos, en su justa medida claro.

Por otro lado, ayer también terminé de leerme Ultramaratón, pero hasta el próximo domingo no podré contarles si me ha enseñado algo... :P

Y no olviden que: Los sueños... se cumplen!

lunes, 1 de junio de 2009

Odio la siesta

No voy a engañarme, éste ha sido un fin de semana sin más historia que los demás, con algún que otro mal momento y, para mi suerte, bastantes otros mucho mejores. La diferencia está en que hoy el insomnio me ha animado a contarlo...

El viernes por la tarde pasó con una reunión de trabajo amistosa o de amistad trabajosa (podría decidirlo tras pensarlo un rato, pero no ahora), que se alargó más de lo esperado, aunque positivamente, salvo por el hecho de que tuve que dejar sólo ante el rocódromo a mi buen amigo (suerte que estaba debidamente preavisado).

La noche trajo el mal momento al que me referí anteriormente con un muy buen arbitraje (modestia aparte), pero con una muy mala interpretación por parte de dos jugadores, a mi modo de ver, dominados por su frustración. A ello se le unió un partido posterior nefasto, y encima contra la familia... ;o) Menos mal que veo al flag como un momento de desconexión, porque parece que algunos se empeñan en echarme de ahí a patadas.

En fin, como no podía ser de otra manera, al día siguiente volvió a salir el sol, nos fuimos a escalar a Sorrueda. Éramos seis y aunque casi siempre teníamos dos vías abiertas, no pude probar ninguna nueva, pero eso fue lo de menos porque el maravilloso entorno y la inmejorable compañía bastaban. Aunque no comparten nuestra pasión, o precisamente por eso, estoy especialmente orgulloso de las niñas por sus esfuerzos y por sus logros.

También aprendí a que la buena comunicación y entendimiento entre el que escala y el que asegura no sólo es vital para el primero, y que si vas a saltar es mejor avisar. Sólo hubo que lamentar el sustillo, un ¿pequeño? corte y la merecida bronca de la novia preocupada; esperamos haber aprendido la lección... :P

El domingo fue más tranquilo, unas horitas de playa con la niña, un buen atracón de pasta, vino y ensalada, algo de tenis en la televisión (la primera derrota de Nadal en Roland Garros), una siesta y poco más hasta volver a casa. Por la noche algo de trabajo en el ordenador y... ¡el dichoso insonmio!

Por cierto, a estas horas de la madrugada se me pasan por la cabeza muchos y muy variados pensamientos, pero hoy el que más se repite es... ¡odio la siesta!