La experiencia fue sencillamente alucinante, cuatro amigos y un desafío: el aparentemente inabordable e imponente risco.
El esfuerzo físico que se realiza no es demasiado extraordinario, pero el esfuerzo mental es brutal, mirar hacia abajo y ver el más absoluto vacío, tensa automáticamente todos tus músculos, y mirar hacia arriba y ver una pared completamente vertical, mina automáticamente tu moral.
La clave es no pensártelo demasiado, tirar pa'lante y manejar los nervios lo mejor posible, aunque a mi, doce horas después y reviviéndolo antes de quedarme dormido, todavía me duraban. Por supuesto, la noche anterior también me había costado lo suyo conciliar el sueño.
Con todo lo dicho, repetiría, y se de alguién al que le gustará venirse.
Gracias a Abián y a Norber, por encabezar y cerrar el grupo, y por transmitirme la tranquilidad del que repite, a Yeya, por transmitirme la tranquiliad del que lo hace por primera vez al igual que tú, y a los tres, por brindarme la oportunidad de compartir esta maravillosa e inolvidable experiencia de vida.
