Pues bien la contraseña que decidí utilizar tenía de todo, letras, números y, por aquello del más difícil todavía, algún que otro signo de puntuación. Hasta aquí todo bien, el sistema la acepta y me dice que ya puedo acceder con mi nueva contraseña, pero cuál es mi sorpresa cuando llego a la ventana de autentificación y tras introducir mi nombre de usuario, me sale la siguiente pantallita para poner la contraseña:

Uppps! y ahora qué hago yo ¿? No se si se han fijado, pero ni rastro de signos de puntuación por ningún lado, eh?!?! Pensé, joer! ahora tendré que llamarles, darles mil datos para que me reconozcan, y decirles que me arreglen el acceso que me han estropeado con su nuevo sistema de seguridad, que cómo se les ocurre permitir carácteres que luego no son seleccionables, y alguna que otra cosilla que ahora mismo me reservo.
Pero tranquilos, que ahí no acaba la cosa... Por divina iluminación o por cosa del habrá que probarlo todo, me da por poner la contraseña saltándome los signos de puntuación que tenía y... voila! acceso autorizado.
En definitiva, una auténtica chapuza de La Caja de Canarias que no dice mucho en favor de los cambios en su sistema de seguridad.

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