Aunque mi gurú del senderismo ya había ido en un par de ocasiones, a mi me había tocado perdérmelo, así que decidí ponerle remedio junto a mi asustada y protectora mensajera y a un viejo amante de la buena vida.
Tan sólo añadir el mensaje que al llegar nos transmitió Faneque:
¡Qué pequeños somos!
Y mi libre adaptación:
¡Cuánto pedimos, y qué poco necesitamos verdaderamente...!




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