
Casi un mes sin publicar absolutamente nada, y mira que ha llovido... así que no hay excusas: ¡pilas a la obra!
A principios del mes, en otro de nuestros ya tradicionales viajes,
Timón,
Pumba,
Campanilla y yo nos fuimos diez días para Asturias y Cantabria a disfrutar de las maravillas de la naturaleza intentando convertir cada día en una aventura.
El mismo día que llegamos, y para ir entrando en calor, hicimos una pequeña ruta de senderismo por
Somiedo, la
Ruta de Castro, vislumbrando así la enorme belleza e inmensidad del lugar.
En días sucesivos pudimos disfrutar de la
Senda del Oso en bici, de un interesante y en ocasiones tenso día de
escalada en Quirós, y de los 24 kms. de la merecidamente famosa
Ruta del Cares con sus impresionantes desfiladeros.


También visitamos los
lagos de Covadonga, así como su cueva y su basílica, nos dimos un bonito paseo a caballo, con
Rumbo y el entrañable
Chocolato entre otros, nos relajamos en
Las Caldas Villa Termal y nos dedicamos al piragüismo por un día, haciendo el
descenso del río Sella.


Ya en Cantabria nos apuntamos a la visita de aventura en
la cueva del Soplao y nos fuimos "de safari" al
Parque de la Naturaleza de Cabárceno, entusiasmándonos especialmente con el espectáculo de la aves rapaces, además de visitar maravillosos pueblos como Santillana del Mar, Comillas o San Vicente de la Barquera.


Por aquello de que todo depende del color del cristal con el que se mira, "lo mejor" fue que en la maleta se nos colaron dos amigos que han resultado ser dolorosamente fieles, gripe y gastroenteritis, impidiéndonos hacer, entre otros, el barranquismo y la espeleología, lo que unido a un sueño, el
Picu Urriellu, nos hará volver pronto, o eso espero... ;o)
Por último, les dejo
otra versión de los mismos hechos, y tampoco quisiera permitirme el error de olvidarme del mejor alojamiento en el que he estado jamás:
el Balcón de los Picos de Europa, y de sus insuperables anfitriones
Fefi y
Manuel, y si creen que exagero tan sólo tienen que consultar
estas otras impresiones.