Llegamos al
pico más alto de España después de casi 12 kilómetros de duro esfuerzo con un desnivel de más de 1400 metros... pero ¡vaya si mereció la pena!

El primer tramo, desde
Montaña Blanca hasta el
Refugio de Altavista, resultó relativamente cómodo hasta llegar a la base del
Teide, momento en el que el terreno se complica y se pone verdaderamente cuesta arriba. El gesto alegre y las risas que siempre nos acompañaron, pasaron a un segundo plano, tocaba sufrir...
En poco más de tres horas llegamos al refugio, justo en el momento en el que la noche caía, ya que tan sólo uno de nosotros encendió su frontal. Llegamos cansados, como era de esperar, deseando poder resguardarnos del frío, comer y/o beber algo calentito y descansar, pero además nos esperaban otras emociones...

Un compañero nos enseñó en sus propias carnes lo que es el mal de altura, aunque por suerte el susto no duró demasiado. A una amplia mayoría de nosotros nos resultó casi imposible
pegar ojo, el edredón nórdico daba demasiado calor, pero sin él te
pelabas de frío, y encima la presión de la altura nos
martilleaba la cabeza y nos
trancaba la nariz. Aunque no todo fue tan negativo...
La cocina tenía de todo lo básico, fogones, microondas, calderos, cubiertos, vasos, tazas... lo que nos permitió hacernos una sopita que
nos supo a gloria bendita. El guarda,
Toño si no recuerdo mal, era
muy buen tipo, estricto en el cumplimiento de las normas al mismo tiempo que conversaba con todos y ayudaba en lo que buenamente podía. El cielo, las estrellas...
¡qué maravilla! Besos, alegría, amor, amistad... y un abrazo.
Aunque en ese preciso instante nos fue imposible apreciarla, la estampa de la salida hacia la cima, en plena madrugada, con nuestras luces a la cabeza, era mágica. Casi que sólo nos distinguíamos por nuestras voces, pero había muy poco que decir, o pocas ganas, y nos centramos en seguir adelante, siempre hacia arriba.
El amanecer nos sorprendió en
La Rambleta, el terminal del teleférico, y aunque esperábamos verlo en la misma cima, resultó ser tanto o más impresionante a como lo habíamos soñado. Hasta ese momento creía que no existían, pues fue mi primera experiencia puramente celestial, y se convirtió inmediatamente en el recuerdo más emotivo de nuestra aventura.
Animamos a los desanimados, sólo quedaba el último esfuerzo, y fuimos a por la cima. El olor a azufre y el mayor desnivel, nos terminaron de complicar la aventura, pero poco a poco, todos y cada uno de nosotros fue llegando...

Para terminar, aunque la mayoría prefirió coger el teleférico, a tres de nosotros nos quedaron fuerzas para volver sobre
Los pasos que dejamos atrás y visitar la imprescindible
Cueva del Hielo.

Desde aquí agradecer a
Ángeles,
Gustavo,
Mari Cruz,
Martín,
Nayra,
Norber y
Toni, el haber compartido un sueño y su inmejorable compañía.
Cuento con ellos para el siguiente... ;o)Se me han quedado atrás muchísimas anécdotas de la expedición, pero para eso están los comentarios...
PD: Como es costumbre, les dejo
la versión de mi gurú del senderismo, en donde también podrán encontrar enlazadas las rutas del GPS:
Teide1 y
Teide2, cortesía de nuestro amigo Martín.